Cuando uno escribe normativa de seguridad se pregunta hasta qué punto será útil. Una vez tuve una epifanía en la que comprendí que la documentación de seguridad es un ‘software’ que, para ser efectivo, debe ejecutarse en los ‘procesadores’ de las personas a las que están en su ámbito de aplicación.

Y claro, si redactar la documentación es complicado, hacer que se ejecute en cerebros ajenos puede resultar imposible.

Sin embargo, existe una situación (desmoralizante, claro) en la que los responsables están muy convencidos de que únicamente teniendo el documento ya está todo arreglado, independientemente de que lo haya leído alguien o se hayan implantado las medidas que en él se recojan.

Y yo me pregunto «¿hace ruido un árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo?». O sea, ¿sirve de algo una normativa que nadie lee ni cumple ni se asemeja a la realidad?

Recordad que la efectividad de la documentación depende de quién se la cree y actúa en consecuencia. Si nadie se la cree ni la lee ni la utiliza para nada, ¿de verdad lo consideras una medida de seguridad? ¿Crees que te va a proteger de algo?

Con estos desvaríos os dejo el lunes desmotivador de esta semana, el primero cuya cita no es de una película sino de una serie.