En un interesante documental sobre la neurociencia aplicada al marketing, explicaban cómo las decisiones de compra tienen, en su mayor parte, un origen emocional. Estas emociones se crean, según los científicos, en la parte más primitiva de nuestro cerebro, el llamado «cerebro reptil».

Estas ideas me hicieron pensar en cómo transmitimos a la dirección las propuestas en materia de seguridad y en los mecanismos que llevan a un directivo a aceptar acometer un proyecto, invertir en recursos especializados o simplemente tomar una decisión relevante.

Al fin y al cabo, cuando nos reunimos con la dirección y hacemos una propuesta estamos intentando «vender» nuestro producto. De cómo lo hagamos dependerá una gran parte nuestro trabajo diario.

Si damos por bueno lo anterior y decidimos adentrarnos en el terreno de las emociones, el primer problema con el que nos encontramos es … ¡¡que somos telecos!! … y como tales, el tema emocional no se nos da muy bien.

¿Qué hacer entonces?, no lo sé, porque a estas alturas no nos vamos a matricular en primero de psicología …

Por mi parte, intentaré dedicar más tiempo a pensar qué sensaciones, qué emociones, debo transmitir para conseguir «vender» aquello que mejore la seguridad de mi organización.