La triste realidad es que todo el mundo tiene vulnerabilidades de seguridad. Algunas más fáciles de descubrir, otras más difíciles. Algunas más fáciles de arreglar y otras más difíciles.

En el conocimiento y tratamiento de vulnerabilidades ocurren procesos psicológicos interesantes. Para empezar, aunque todo el mundo te diga que está muy interesado en la seguridad y en conocer sus vulnerabilidades. Sin embargo, a nadie le gusta que se conozcan sus debilidades, por lo que no siempre muestran alegría con los resultados.

Otro interesante efecto es ver la solución de las vulnerabilidades como algo complejo cuando, la mayor parte de las veces, no lo es tanto. Incluso las de desarrollo, que parecen las más complejas, tampoco es para tanto.

Por último, ya sea por falta de tiempo, recursos, conocimientos, dinero o prioridades puede ocurrir que te dé igual qué vulnerabilidades tengas porque no las vas a arreglar, de todas formas.

En definitiva, el viejo dicho de que el conocimiento os hará libres no siempre aplica y es tristemente descorazonador ver que realmente ocurre lo contrario.

He pretendido reflejar esta situación en este nuevo lunes desmotivador que, tras un cierto periodo de ausencia, vuelve para recordarnos a todos lo vulnerable que somos, queramos saberlo o no.