Era el año 2003, más o menos, y estaba yo trabajando en un proyecto de Auna cuyo objetivo era integrar la documentación de normativa de seguridad de Amena (que se había unido al grupo) y la existente del grupo, aportando además, nuevas modificaciones allí donde hubiera carencias.

Total que, como buen consultor de empresa Big5 (o ya eran Big4, no me acuerdo) tomé prestados otros documentos de normativa de otros proyectos para generar la normativa de seguridad definitiva.

Pasó el tiempo y, qué casualidad, que me encuentro por 2007 un Documento de Seguridad en un organismo de la Junta cuyas ‘directrices de seguridad’ me empiezan a sonar línea por línea.

Desempolvo CDs antiguos y, ¡voilá!, son los mismos que yo escribí / copié / adapté palabra por palabra. Por supuesto, la empresa que había hecho los trabajos no era para la que yo estaba trabajando entonces.

¿Y cómo llegó eso hasta ahí? Os estaréis preguntando… Pues por arte y gracia del ‘cutre-paste’.

Pero hay más, no sólo las directrices, todo el documento de seguridad ya me lo he encontrado igualito en otros organismos… Pero no porque se los pasen unos a otros, sino redactado por ¡diferentes empresas!

En fin, ahí os dejo el lunes desmotivador, con las palabras de Krusty, el payaso: «inventar, copiar… ¿qué más da?».

En cualquier caso, tampoco es que haya que escribir todos los documentos desde cero, ya que para eso están las referencias y trabajos pasados que uno haya hecho.

Sin embargo, como nos decían en el colegio cuando pillaban a alguien copiando un trabajo.: «no lo hagáis letra por letra, tratad de entenderlo y escribirlo con vuestras propias palabras». Y ya de paso, seguro que surgen ideas para mejorarlos.